'

SEARCH GOOGLE

..

-

jueves, 12 de enero de 2012

JACK EL DESTRIPADOR



JACK EL DESTRIPADOR




Ha pasado más de un siglo y todavía perdura el misterio. Cinco crímenes perpetuados en Whitechapel hacia 1888, que hoy, por el escaso número de víctimas hubiesen ocupado pocas líneas en los diarios, en su momento revolucionaron Londres y el mundo entero.
Durante cien años, investigadores, detectives, policías y muchos aficionados han tratado de establecer un perfil psicológico que ayudase a determinar la personalidad o el nombre del asesino, pero hasta ahora solo se han podido identificar los nombres de unos posibles sospechosos. Tal vez por ese motivo Jack el Destripador se ha convertido en el asesino en serie más conocido de la historia. Su nombre nos evoca una silueta entre la niebla del Londres Victoriano, una sombra con capa y sombrero negros que ataca a sus víctimas y desaparece para siempre de la escena del crimen... no en vano se han escrito sobre él cientos de libros, canciones, óperas y películas. Es la perfecta historia de suspense, el gran misterio sin resolver.
En el año 1888, Whitechapel era uno de los peores distritos de todo Londres. En las calles, hombres, mujeres y niños arrastraban una vida de pobreza y delincuencia en la que muchas veces el único alivio era el que podía ofrecerles una botella de alcohol barato. Los callejones oscuros desembocaban en bares mugrientos y burdeles miserables en los que algunas mujeres se ganaban la vida prostituyendo sus cuerpos por unos pocos peniques. Fue precisamente aquí, en el East End londinense, donde tuvo lugar el breve reinado de terror del temido descuartizador que firmaba sus crímenes como "Jack el Destripador".
Su primer crimen oficial, por así decirlo, el que reconocen todas las crónicas, tuvo lugar el 31 de agosto, aunque en su día se sospechó que por lo menos dos asesinatos anteriores menos publicitados habrían sido también obra suya.
Ese día estaba amaneciendo muy lentamente. Las calles todavía estaban oscuras, y a pesar del frío algún que otro paseante comenzaba a circular por el barrio. Uno de ellos distingue a lo lejos el cuerpo de una mujer tendido en el suelo que a primera vista parecía desmayada, pero cuando se acerca para tratar de ayudarla, ve que unas terribles heridas la habían casi decapitado.
Horrorizado, no deja pasar un minuto y avisa al primer policía que hacía su ronda por el barrio, quién acompañado de un médico distingue bajo la luz de una linterna que la muerte le había sido provocada por dos golpes con arma blanca que le habían seccionado la tráquea y el esófago. El cuerpo, todavía caliente en partes, indicaba que el momento del crimen no debía de haber sido de más de media hora antes de haber encontrado el cuerpo. Tras un examen más detallado en la sala de autopsias, descubren además que había sido brutalmente golpeada en la mandíbula inferior izquierda (posiblemente por una persona zurda), y que su abdomen había sido mutilado. Por lo demás, el asesino no había dejado otras pistas tras de sí, ni testigos, ni el arma homicida. Ninguno de los vecinos oyó nada.
La identificación de la víctima no fue tarea fácil, aunque unos días después su padre y su ex marido identifican el cuerpo de una mujer de 42 años, prostituta, llamada Anne Mare Nichols y conocida como Polly.
Polly había estado casada y tenía cinco niños, pero su adicción al alcohol había hecho que su matrimonio se rompiera. Desde entonces, sola, había vivido de sus pobres ingresos de prostituta.
El lunes 6 de agosto, varias semanas antes del primer crimen oficial del Destripador, Marta Tabram, una prostituta de 39 años, había sido hallada muerta con 39 puñaladas; y algunos meses antes, Emma Smith, una prostituta 45 años, había sido agredida salvajemente en la cabeza y le habían introducido un objeto en la vagina. Seguramente estos dos crímenes no tenían nada que ver con nuestro asesino, más que nada porque la firma del Destripador era más ritualista que los simples golpes y puñaladas, pero aún así, el terror ya se había apoderado de las almas de los habitantes del distrito londinense.
Annie Chapman era una mujer sin hogar propio que vivía en pensiones comunes cuando disponía de dinero para el alojamiento de una noche, y cuando no era así, se dedicaba a vagar por las calles en busca de clientes que le proporcionasen alguna moneda para bebida, refugio y alimento. No siempre había sido así, unos años antes estaba casada y con tres niños, pero todos murieron, unos por enfermedad y otros por accidente. Fue un golpe muy duro, nunca se repuso. Así, en estado de depresión permanente comenzó a beber para sobrellevar su soledad.
Su cuerpo fue hallado mutilado en la calle del Mercado de Spitalfields a las 6 de la mañana, y nadie había ido testigo de los hechos. Su intestino estaba en el suelo entre un gran charco de sangre y una profunda incisión cruzaba su cuello de lado a lado. Todo parecía indicar que había sido asesinada en ese mismo sitio. No había señales de defensa por parte de la víctima, y lo curioso es que cerca de su cadáver se encontraron un pequeño pañuelo, un peine y un cepillo de dientes, que parecían haber sido colocados en un orden concreto por el asesino.
Según el médico forense que vio el cadáver, el asesino había agarrado a Annie por la barbilla y la había degollado por la espalda de izquierda a derecha, y por la fuerza empleada, posiblemente con la tentativa de decapitarla. Eso le había causado la muerte. Las otras heridas infligidas y las mutilaciones abdominales habían sido realizadas post mortem: el abdomen había sido abierto para extraer la vagina, el útero y la vejiga, que no fueron hallados. Las incisiones eran limpias, como si se tratase del trabajo de un experto en anatomía, o por lo menos el de alguien con los conocimientos anatómicos y la habilidad suficiente para poder abrir el cuerpo y extraer los órganos con mucho cuidado de no dañar otras partes internas. El instrumento utilizado parecía ser un cuchillo estrecho con lámina fina y muy afilada, la clase de cuchillo que utilizaban los cirujanos y los carniceros.
Una señora de nombre Elizabeth Long que se dirigía al mercado esa mañana, pudo aportar un testimonio valioso: a las cinco y media de la madrugada había visto a un hombre conversando con una prostituta que identificó como Annie Chapman. Lamentablemente el hombre estaba de espaldas y no pudo ver su rostro, pero sí distinguió la silueta de un hombre de unos 40 años, elegante, que portaba un sombrero y un abrigo oscuros. La hora de la muerte se estimó entonces entre las cinco y media y las seis de la mañana, hora en la que fue descubierto el cadáver, lo que significaba que el asesino actuaba rápidamente y con gran precisión.
La falta de indicios hacía que la investigación avanzase lentamente. Todo el mundo había relacionado las muertes entre ellas, y a pesar de que la policía se mantenía en el más absoluto de los silencios, los periódicos no dejaban de alimentar cada rumor escuchado, lo que servía para aumentar la cólera y el miedo de los vecinos. Desde Scotland Yard se llegó a ofrecer una gratificación para quien aportase algún dato válido sobre la identidad del asesino, pero lo único que consiguieron fue que los vecinos aprovechasen sus diferencias y se denunciasen entre ellos, deteniendo simplemente a algunos falsos culpables, excéntricos o alcohólicos que aseguraba ser el descuartizador de prostitutas, aunque tras numerosas investigaciones y por el hecho de que todos carecían de habilidades médicas o que tenían coartadas, no tardaban en recuperar la libertad.
El 25 de septiembre, la Agencia Estatal de Noticias recibió una nota en tinta roja firmada por el propio Jack el Destripador cuyo contenido era:
"Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha cogido, pero en realidad todavía no me han pescado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a chillar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito..."
Firmado: Jack el Destripador, desde el Infierno.
A partir de entonces seguiría escribiendo cartas y poemas destinados al jefe de la policía londinense jactándose de su habilidad para escabullirse en la oscuridad de las calles y evitar ser atrapado por la multitud que le perseguía, o haciendo alarde de la perfección de sus crímenes y anticipando otros nuevos ataques, siempre seguro de sí.
El domingo 30 de septiembre, se descubría otro cadáver en la calle Berner sobre la una de la mañana. Tras pedir ayuda a la policía, vieron que se trataba de una mujer, cuyas faldas habían sido levantadas por encima de sus rodillas. Un forense llegó a la escena del crimen con su ayudante un cuarto de hora más tarde. Entre los dos detallaron sus conclusiones de la exploración:
"La difunta yace sobre su lado izquierdo, su cara mira hacia la pared derecha. Sus piernas han sido separadas, y algunos miembros están todavía calientes. La mano derecha está abierta sobre el pecho y cubierta de sangre, y la izquierda está parcialmente cerrada sobre el suelo. El aspecto de la cara era bastante apacible, la boca ligeramente abierta. En el cuello hay una larga incisión que comienza sobre el lado izquierdo, 2 ½ pulgadas por debajo del ángulo de la mandíbula casi en línea recta, seccionando la tráquea completamente en dos, y terminándose sobre el lado contrario... "

El asesino no se había ensañado tanto esta vez como en las anteriores. Posiblemente había sido interrumpido mientras la degollaba y hubiese huido antes de completar su ritual.
La joven prostituta fue identificada como Elizabeth Stride, de origen sueco, que había venido a Inglaterra para ganarse la vida tras el fallecimiento de su marido y sus dos hijos en un accidente marítimo.
Esta vez, varios testigos declararon haberla visto momentos antes de su muerte acompañada por un hombre de unos treinta años con pelo y bigote negros, vestido con un abrigo negro y un sombrero alto, que portaba un bulto, como un maletín.
Mientras la policía se enfrentaba al hallazgo de este nuevo cadáver, a pocas calles allí un guarda nocturno descubría el cuerpo de otra víctima degollada. Su abdomen había sido abierto y los intestinos se encontraban en el suelo, además tenía varias heridas por todo el cuerpo. Los miembros estaban todavía calientes, la data de la muerte no debía ser de más de media hora desde el descubrimiento del cadáver.
No había otros indicios más que un escrito con tiza blanca sobre una pared que decía: "No hay porque culpar a los judíos", supuestamente obra del asesino. Antes de que la inscripción pudiese ser fotografiada, el Comisario de la Policía londinense Charles Warren ordenó que fuese borrada, según él porque se trataba de una falsa pista del criminal tratando de culpabilizar a la comunidad judía, y si algún londinense lo leía, podía provocar una revuelta contra ellos.
La víctima era Kate Eddowes, quien como las demás, tenía por oficio el de la prostitución y como afición, la bebida. Sus padres habían muerto cuando ella era joven y a los 16 años se fue a vivir con un hombre, con quién tendría tres hijos. Los malos tratos por parte de éste obligaron a que se fuera de casa, y su adicción al alcohol la obligó a alquilar su cuerpo en las calles.
Como en las muertes de Polly Nichols y Annie Chapman, la garganta de Kate había sido degollada de izquierda a derecha, le habían seccionado el vientre y extraído algunos órganos, entre ellos uno de los riñones.
Después de esto, las cosas parecieron volver a la normalidad en Whitechapel. No hubo ningún otro asesinato durante un mes y las prostitutas regresaron a las calles más tranquilas. Desgraciadamente, la paz duró poco, pues el 9 de noviembre, otra mujer apareció salvajemente asesinada. Se trataba de Mary Kelly, una atractiva joven de 21 años que se dedicaba a la prostitución para poder mantenerse a ella misma y a su pareja, que se encontraba sin trabajo. Esa mañana, el locatario subió a la habitación de Mary para cobrar el alquiler mensual, pero nadie contestó a su llamada. Decidió abrir la puerta él mismo, horrorizándose por lo que descubrió...
Sin duda era el crimen más violento de Jack el Destripador. El cadáver estaba tumbado sobre la cama con múltiples heridas de arma blanca, completamente mutilado y con la arteria carótida seccionada. La ferocidad de este asesinato asombró a los cirujanos veteranos de policía. El médico forense necesitó varias páginas para redactar el informe de las lesiones y órganos extraídos.
Este asesinato creó el pánico absoluto en el barrio, haciendo estallar episodios esporádicos de violencia en la muchedumbre. La actividad policial era frenética, cada rincón fue registrado, cada sospechoso detenido e interrogado a fondo, pero no por eso la policía dejaba de ser duramente criticada. Nunca más se volvió a saber del asesino. No hubo más cartas ni más crímenes, parecía que Jack el Destripador hubiese abandonado la escena del crimen para siempre, y finalmente el caso fue cerrado en 1892, el mismo año en que el Inspector encargado del caso se retiró.
Lo cierto es que nadie puede saber si ésta es la verdadera historia o si es otro de los relatos que inspira este terrible personaje. Lo único que hoy en día tenemos claro es que no se trataba de un delincuente cualquiera. Sus hechos demuestran que era una persona con gran inteligencia y tal vez una educación superior a la población de Withechapel, incluso puede que fuese alguien de clase alta. Tal vez tuviese un trastorno de la sexualidad o un trastorno mental que le provocase esa compulsividad y obsesión a la hora de cometer los crímenes. Su afán de reconocimiento y el hecho que resaltase con las cartas enviadas a la prensa su inteligencia, demuestra que también era una persona insegura y llena de complejos. Pero mientras Scotland Yard mantenga sus archivos en el más absoluto secreto, otros autores seguirán suscitando sospechosos que mantengan la leyenda del Destripador viva.

ALBERT FISH





ALBERT FISH

Nadie podía haberse imaginado que ese abuelito entrañable de más de 65 años, de rostro demacrado, cuerpo encogido y fatigado, cabello y bigote gris, ojos tímidos podía esconder una personalidad como la que revela su informe psiquiátrico: sadismo, masoquismo, castración y autocastración, exhibicionismo, voyeurismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia, fetichismo, canibalismo e hiperhedonismo.
Fish nace en 1870. En su familia existen numerosos antecedentes de perturbación mental, empezando por su madre que oye voces por la calle y tiene alucinaciones, dos de sus tíos internados en un psiquiátrico, una hermana demente, un hermano alcohólico, etc.
Desde muy niño se siente atraído por el sadomasoquismo, se divierte infligiendo dolor a los demás y sobre todo a él mismo. Sigue con atención los artículos de crímenes en la prensa, y colecciona sobre todo aquellos de los asesinos en serie caníbales, con los que se siente identificado.
A los veinte años mantiene relaciones homosexuales y ejerce la prostitución homosexual en Washington, en dónde viola a un niño y asesina a su primera víctima.
En esa época comienza a sufrir alucinaciones de tipo religioso y vive obsesionado con la idea del pecado, creyendo que la única forma posible de expiación es a través del sacrificio personal y el dolor.
Él mismo se inflige castigos masoquistas automutilándose, frotando por su cuerpo desnudo rosas con espinas, hundiéndose agujas de marinero en la pelvis y en los órganos genitales... en una ocasión es sorprendido en su habitación completamente desnudo, masturbándose con una mano y con la otra golpeándose la espalda con un palo del que sobresalen unos clavos. A cada golpe grita de dolor, mientras la sangre se desliza por sus nalgas.
Oficialmente, fue detenido ocho veces: la primera por tentativa de estafa, luego por robo, por pago con cheques sin fondos, por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los periódicos.
En alguna ocasión afirma ser Jesucristo, que San Juan le habla y que el mismo Dios le ordena cometer sacrificios humanos.

Lo internan tres veces en un hospital psiquiátrico, dejándolo salir al poco tiempo en cada ocasión tras considerar que no es peligroso ni está loco, sino que simplemente sufre una personalidad psicopática de carácter sexual.

A pesar de todos estos delitos, la policía neoyorquina tardaría nada menos que seis años para poder inculparlo por asesinato.

"Escuchaba voces que me decían cosas y, cuando no las comprendía todas, trataba de interpretarlas con mis lecturas de la Biblia... entonces supe que debería ofrecer uno de mis hijos en sacrificio para purificarme a los ojos de Dios de las abominaciones y los pecados que he cometido. Tenía visiones de cuerpos torturados en cualquier lugar del Infierno..."


Albert Fish fue capturado por la policía el 13 Diciembre de 1935, lo logra a través de una carta de Fish enviada a la madre de la víctima que había secuestrado, en dónde le cuenta sus aficiones por el canibalismo y cómo se decidió a probar carne humana por primera vez con el cuerpo de su hija.

Querida señora Budd:
Hace algunos años, mi amigo el capitán John Davis, zarpo de California hacia Hong-kong, que por aquel entonces padecía los problemas del hambre, las calles se habían vuelto muy peligrosas para los niños entre 9 y 12 años porque tenían la costumbre de matarlos y cortarlos en pedazos y vender su carne como alimento.
Antes de zarpar mi amigo, rapto a 2 niños los mato corto en pedazos guiso su carne, y se la comió.
Esa es la razón de que hace algunos años yo acudiera a su casa el 3 de junio de 1928 con el pretexto de acompañar a su hija a la fiesta que daba mi hermana me la lleve a una casa abandonada, que había en Westcher County donde la estrangulé la corte en pedazos y comí parte de su carne tranquila no me la tire murió siendo virgen.
Tras leerla y sufrir un gran shock, se puso en contacto con la policía que tras investigar lograron encontrar la procedencia de la carta, siguieron la pista de Albert Fish, lo arrestaron el 13 de diciembre.
En su declaración afirmo que tras matar a la niña le corto la cabeza, con un trinchante y partió su cuerpo en dos con una sierra a la altura del ombligo.
El propio Fish lo reconocería: "No soy un demente, sólo soy un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo".
Una vez detenido, se confiesa además autor de otros muchos crímenes y demás aberraciones que había estado llevando a cabo durante toda su vida: su deseo irresistible de comer carne cruda las noches de luna llena, que le valdría el apodo de "el Maníaco de la Luna", sus crímenes más atroces, algún acto de vampirismo como el caso de un niño de 4 años al que flageló hasta que la sangre resbalaba por sus piernas, luego le cortó las orejas, la nariz y los ojos, le abrió el vientre y recogió su sangre para bebérsela a continuación, además de desmembrarlo y prepararse un estofado con las partes más tiernas.
"...Decidí comérmela. La llevé a una casa abandonada en Westchester en la que me había fijado. En el primer piso me desvestí completamente para evitar manchas de sangre. Cuando me vio desnudo se echó a llorar y quiso huir, pero la alcancé. La desnudé, se defendió mucho, me mordió y me hizo algunos rasguños. La estrangulé antes de cortarla en pedacitos para llevarme a casa toda su carne, cocinarla y comérmela. No pueden imaginar cuán tierno y sabroso estaba su culito asado. Tardé nueve días en comérmela por completo. No me la tiré, aunque hubiese podido hacerlo de haberlo querido, murió virgen".
También narra la historia de un joven vagabundo al que obligó a realizar toda clase de actos sádicos, masoquistas y coprófagos durante dos semanas, además de cortarle las nalgas en varias ocasiones para beber su sangre. Finalmente intenta cortarle el pene con unas tijeras, pero cambia de opinión al ver el sufrimiento del chico y arrepentido le da diez dólares dejándolo huir.
Ante el psiquiatra explicó que por orden divina se veía obligado a torturar y matar niños, el comérselos le provocaba un éxtasis sexual muy prolongado.
También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón empapado en alcohol dentro del recto y prenderles fuego. Los hijos de Fish contaron cómo habían visto a su padre golpeándose el cuerpo desnudo con tablones claveteados hasta hacer brotar sangre.
Durante el juicio quedó probado que realizó todo tipo de perversiones con más de 100 niños matando además a 15. Se descubrió también su extraño gusto por hacerse daño a sí mismo, uno de sus sistemas favoritos era clavarse agujas alrededor de los genitales. Una radiografía descubrió un total de 29 agujas en el interior de su cuerpo (algunas con tanto tiempo que habían empezado a oxidarse). Le gustaba comerse sus propios excrementos, o introducirse trozos de algodón empapados con alcohol dentro del recto y prenderles fuego En otras ocasiones había intentado introducirse agujas debajo de las uñas, pero no tardó en renunciar a ello cuando el dolor se hizo insoportable.

Estas declaraciones acerca de sus víctimas le cuestan a Fish la sentencia de culpable por crímenes con premeditación tras diagnosticarlo psicótico, pero cuerdo.
Es condenado a la silla eléctrica y ejecutado en la prisión de Sing Sing el 16 de enero de 1936. Cuando se le preguntaba por la cifra exacta, respondía sonriendo: "Por lo menos cien". Tuvo una sorprendente reacción después de ayudar a los guardias a colocarle los electrodos, y se mostró entusiasmado.
Albert Fish se llevaría a la tumba su mayor secreto, el número de personas que habría asesinado. Las opiniones de los psicólogos son contrastadas en ese aspecto, unos hablan de varios centenares de víctimas, mientras que otros estiman que no hubo más de cincuenta. Finalmente se le acusa de haber asesinado un total de 15 niños, la gran mayoría procedentes de las capas más pobres de la población.
"Que alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío. El único que todavía no he experimentado..."

lunes, 9 de enero de 2012

LA ALQUIMIA COMO CIENCIA DEL ARTE HERMETICO


- Alquimia -
La alquimia como ciencia del arte hermético



LA ALQUIMIA COMO CIENCIA DEL ARTE HERMETICO
Que no ha sido extraída de los libros de otro, sino que ha sido
justificada y probada por experiencia propia; puesta a la luz, por un filósofo
reconocido como tal, para honor y gloria de los hijos del Arte, en los Idus
de Septiembre del año 1720

***
I La alquimia es un estudio que imita a la naturaleza y va
mucho más lejos que esa sirviente de la divinidad
II No es la lectura de los libros de filosofía lo que constituye
la filosofía, antes bien es la práctica, precedida por los
descubrimientos de un amigo fiel que nos demuestra el arte.
III Nuestro arte es fácil y difícil, muy precioso y vil, según el
sujeto que a él se aplica y se aficiona.
IV Es fácil en tanto y cuanto se conduce conforme a la vía de
la simple naturaleza.
V Pero es difícil en tanto y cuanto nos descubre todos los
misterios de esa sabio obrera, haciéndonos confidentes de sus
resortes ocultos.
VI Es muy precioso en relación a aquellos que buscan
nuestro arte en las cosas caras y preciosas.
VII Es vil en tanto saca su origen de una cosa que, si bien no
es vil, cuanto menos es muy común.
VIII La materia de los filósofos es única en esencia y en
número, y no depende de muchos sujetos.
IX No es en el reino astral donde conviene buscar nuestra
materia, aunque ella contenga toda la virtud de los astros.
X Tampoco es entre los elementos, aunque ella los tenga
concentrados en sí misma.
XI Ni mucho menos nos la puede proporcionar el reino
animal, aunque ella esté dotada de una alma muy noble.
XII El reino vegetal no nos puede proporcionar nuestra
materia, aunque en ella exista un espíritu vegetal y una virtud
mucho más multiplicativa que la de los vegetales.
XIII Está, en fin, en la última familia de la naturaleza, quiero
decir: en el reino mineral, donde es preciso descubrirla, aunque
no sea ni oro, ni plata, ni mercurio vivo, ni ningún otro de los
otros metales y minerales, mayores o menores, a excepción
hecha de eso que los filósofos llaman su Electro Mineral
inmaduro, o la Magnesia Filosófica, a la que llaman su Saturno,
que en modo alguno es el (Saturno) común y que es
incomprensible al ordinario sentido de los químicos vulgares.
XIV La materia de los filósofos ha de estar cruda, es decir,
no ha de haber pasado jamás por el fuego.
XV Nuestra magnesia es la verdadera y única materia de la
piedra filosofal, en nuestra vía universal, que es húmeda y seca.
XVI La disolución de nuestra materia es, o violenta, o suave,
o benigna.
XVII El fuego de los filósofos, siendo como es el mayor, es
también el primero entre sus secretos (ya que es el único
conocimiento que distingue al filósofo de los sofistas), es triple: el
natural, el sobrenatural y el elemental.
XVIII El fuego natural es el que hace el azufre de oro de la
magnesia.
XIX El fuego sobrenatural es el menstruo disolvente de los
filósofos, que no es corrosivo. Es un fuego no ígneo, una agua no
acuosa, un espíritu corporal y un cuerpo espiritual, en una
palabra, un fuego frío, cuyo calor lo lleva, sin embargo, sobre el
natural y el artificial. Solamente este calor puede disolver
radicalmente al oro sin corrosión alguna, hacerlo fusible y
potable, que es, entre todas las medicinas y entre todos los
remedios, el mejor y el más eficaz.
XX El fuego elemental es la clave del natural y del
sobrenatural.
XXI El fuego natural es la madre del mercurio de los
filósofos; el natural es su padre y el elemental es su nodriza y
gobernante.
XXII El mercurio de los filósofos es simple, o doble, o triple.
XXIII El simple es la fuente agria de los filósofos, o su
Vinagre Filosófico, que es el primer fundamento y el único
principio de la piedra, él es quien extrae los azufres de los
metales, resolviendo y volatilizando sus sales.
XXIV El doble, que es la tierra foliada filosófica, es un
perfume y un Oxicrates muy dulce, una agua que no moja las
manos; es, en fin, aquello que los filósofos llaman su Azoth.
XXV El mercurio triple es la primera materia de los filósofos,
que contiene sus tres principios, a saber: la sal, el azufre y
mercurio filosóficos, unidos inseparablemente por el ligamen de la
conjunción. Ese mercurio es, finalmente, quien se sella
herméticamente a sí mismo y esa agua mezclada de fuego.
XXVI Tenemos cinco disoluciones de nuestra materia: 1ª. De
la materia cruda para extraer de ella el fuego de los filósofos. 2ª.
Con objeto de que ese fuego secreto, después de haber sido
extraído, haga aparecer el Fuego Vitriólico no común, sino
filosófico, que se llama Plomo de los filósofos. 3ª. Que ese fuego
vitriolico pase por la putrefacción en el caos de los filósofos. 4ª.
Del oro filosófico, por el propio imán mercurial. 5ª. De la tierra
filosófica, a fin de formar de ella el mercurio doble. XXVII
Aparecen dos putrefacciones: la de nuestro Vitriolo y la de la
Tierra Adámica, llamada así por los Filósofos, a fin de preparar
con ella la tierra foliada, o mercurio doble.
XXVIII Los Filósofos no tienen más que un Imán y dos
aceros.
XXIX El mercurio simple de los filósofos es el imán de su
azufre. Por medio de él extraemos el oro de los filósofos que es
mucho más precioso que el oro vulgar. También es el Imán de la
sal filosófica; es con él que lavamos la tierra filosófica y la
hacemos volátil, con objeto de que se junten exactamente y
compongan lo que se llama mercurio doble.
XXX Uno y otro aceros, tanto el sulfuroso como el salino, se
han de hacer cocer once veces con el imán mercurial, a fin de que
adquieran por medio de esta cohobación reiterada, una
naturaleza regenerada muy noble.
XXXI La volatilización de la tierra filosófica por medio del
espíritu del mercurio ( a fin de que sea engendrada la sal de los
metales, que es la piedra misma) reclama un artista ingenioso,
asiduo y paciente.
XXXII El gran misterio consiste en saber volatilizar la tierra
filosófica: sin esa volatilización los restantes trabajos son inútiles
y vanos. Los filósofos han sido muy reservados en este punto.
Ramón Llull, Basilio Valentín, Teofrasto, Paracelso, Geber, Arnau
de Vilanova, Melchor, Michel Sendivogius, el conde Trevisano,
Morien y otros muchos han sido muy secretos y muy oscuros y no
han descrito el procedimiento más que con diversos jeroglíficos,
hablando de él con términos muy variados. Con respecto a la
diversidad de fenómenos que aparecen en esta elaboración, unos
le han dado el nombre de, Nitro virgen extraído de la tierra
adámica; otros lo han llamado, Días grandes de Salomón; a
veces, Campos de Marte; además, Verdor bendito de Venus; en
otras ocasiones, Cosecha de hojas y frutos; ocasionalmente,
Aceite de talco de los Filósofos; más tarde, Mercurio
amalgamado; otras, Masa de perlas listas para coagularse, Masa
Estigiana, Mar Glacial; a veces, Luna preñada de Mercurio; y en
otras, Diamante filosófico, Tierra foliada, Tártaro de los Filósofos,
Maná, Dragón que devora su propia cola. No terminaríamos
nunca de citarlos. XXXIII La tierra foliada de los filósofos se
compone con su propio oro líquido, según el peso de la
naturaleza: para entonces ella es primera materia a la cual, si se
le proporciona el Fuego graduo filosófico (que los filósofos llaman
Aceite de Saturno, o Sello de Hermes) esa tierra será conducida
al elixir blanco y rojo; se tiñe y se perfecciona por sus propios
elementos, que son el aire y el fuego y se multiplica al infinito.
XXXIV No hay vía particular que no sea emanada de la
fuente universal. No hay que dar crédito, pues, a las fábulas de
los sofistas de los tiempos presentes que saben arrancar el dinero
de las gentes demasiado crédulas, engañándolos con la
esperanza de una futura ganancia que no llegará jamás.
XXXV Los particulares reales se hacen con el simple espíritu
del mercurio de los filósofos, que es solar y lunar, como la piedra
de fuego de Basilio Valentín, el aumento del oro y de la plata, el
cobre conducido hasta los grados de la perfección. La
transmutación del oro y de la plata en una tintura tingente. La
maduración del mercurio vivo en plata y en oro, y otros muchos.
XXXVI El doble mercurio de los filósofos nos proporciona el
aceite de talco, llamado por algunos su Gut. Conserva la flor de la
juventud hasta la más avanzada vejez. Puede disolver muchas
perlas pequeñas para hacer otras más grandes, más hermosas, y
con mucho, en calidad y en belleza, que las naturales.
XXXVII La tintura perfecta, además de la transmutación de
los metales, multiplicada al infinito, restablece y fortifica la salud,
hace fecundas a las mujeres estériles, transmuta los cristales en
piedras preciosas y diamantes, exubera a estos últimos en
carbunclos y hace maleable al vidrio. XXXVIII En una palabra, los
misterios de la piedra son tan grandes que a duras penas puede
la razón humana concebirlos.
XXXIX Es así, como dice Hermes, que Dios creó el mundo.
XXXX La piedra contiene en ella, finalmente, los secretos, las
riquezas, los milagros y las fuerzas de los tres reinos. El todo
proviene de una sola cosa. Por muy celebre medico o químico que
seas, resuélveme, si puedes y si te place, este Silogismo; si no y
si me das ocasión, estoy preparado para resolvértelo
demostrativamente.
No dudo, señor, de que este programa arrojará a todos los
lectores a las experiencias con los minerales, dado que designa
ese Electro Mineral inmaduro, como materia de la piedra. Voy a
explicaros lo que los filósofos entienden por su Electro Mineral.
Nuestra materia, dicen todos, se encuentra sobre el mar y sobre
la tierra y dicen verdad, pero en otro lugar advierten que no
puede ser encontrado en ningún lugar del mundo, y no nos
engañan.
Por los minerales se entiende cualquier tipo de sales; es esa
sal filosófica de la que habla Filaleteo a la que llama primer ser de
todas las sales, a la que es preciso hacerla tal, es decir,
componerla por medio de un imán atractivo de las virtudes
celestes que es el Electro Mineral, apareciendo bajo la forma de
un "fray de ranas" (fray de grenoüilles).
No se han equivocado pues de excluir todos los metales y
todos los minerales dado que mineral está formado por el artista
de una cosa extraída a partir de una minera, que no es nada
menos que las minas ordinarias y esta cosa es el iman de las
virtudes celestes; también exclaman: Nuestra materia tiene sus
propias mineras.
Lo que también ha engañado a una infinidad de artistas que
han trabajado infructuosamente sobre la verdadera materia, es
que han tomado el sello de Hermes por un vaso lutado, ya sea
con la lámpara de esmaltar o más exactamente, taponado con un
luten; pero yo creo que es necesario que nuestra materia se haga
por sí misma un luten, es decir, que el gusano de seda se
encierre por si mismo en su capullo (Buchère, Amy-Sage,
Flamel).
Además creo que alguno de los fuegos de los químicos no
debe intervenir en la obra, en consecuencia, como atestiguan los
filósofos, excluyo todos los fuegos de hornos a viento, de retorta,
de reverbero, de lámpara, de vientre de caballo y me limitaré a
su fuego secreto. Pero ¿cual es ese fuego secreto? He aquí la
piedra de tropiezo.
La materia de la piedra y el fuego secreto han hecho
tropezar a una gran cantidad de habilidosos: no ha sido acordado
a todos los hombres el poder penetrar en los misterios más
sublimes de la naturaleza, entre los que la piedra filosofal ocupa
el primer rango. He leído a todos los autores que tratan de este
gran arte, sin poderlos profundizar enteramente.
He consultado a quienes que tenían mayor reputación sobre
estas materias; no he negligido los manuscritos y confieso que
todos los conocimientos que he podido sacar de ellos aún son
muy imperfectos. Me pongo, a pesar de todos mis desvelos, en el
rango más bajo entre aquellos que los adeptos llaman profanos.
Incluso tengo la temeridad de pensar que muchos autores
que tienen la reputación de haber operado la gran obra, no la han
adquirido más que escribiendo oscuramente y copiando los
pasajes de los verdaderos filósofos, en la interpretación de los
cuales habían hecho vanos esfuerzos.
No es que niegue la posibilidad de la gran obra, por el
contrario, estoy convencido de ella. No fuera posible que tantos
grandes hombres, que han compuesto tan vastos tratados hayan
podido consagrar el más serio estudio de su vida a una quimera,
o si hubieran sido arrastrados por una ciega credulidad no
leeríamos entre ellos, que hicieron los más auténticos sermones,
el tomar por testigos a las cosas más respetables y más sagradas
de la verdad que os quieren anunciar. Reconozco que muchas
gentes han sido seducidos por la impostura; convengo que una
infinidad de desdichados han tomado impunemente el nombre de
filósofos.
Seguro es que esos mismos han tenido una buena baza para
imponerse a la mayor parte de los hombres en lo que concierne a
la transmutación metálica
Todos los químicos vulgares con un poco de experiencia
saben, sin ningún género de dudas que desulfurando con
corrosivos los dos metales perfectos y arrojando ese azufre sobre
una parecida cantidad o peso de mercurio, o metales imperfectos,
la transmutación se opera al instante. Sin embargo, la mayor
parte de los hombres clama milagro ante experiencias parecidas:
las bolsas se abren y el fraudulento alquimista se aprovecha de
su simplicidad.
La piedra de los filósofos es de otra naturaleza bien distinta:
transmuta los metales sin necesidad de tomar prestados los
azufres de los otros metales perfectos y es la soberana medicina
para curar los mixtos de los tres reinos. El fragmento que os
acabo de dar es suficiente para dar una idea justa del arte, no
menos que para hacer ver aquello que miles de volúmenes han
escrito sin orden alguno; en una palabra, una especie de tesis
que un señor alemán pretende sostener ante la faz del universo.
Se entrega para el partidario del torneo (tenant du tournoi) y
parece invitar a la disputa sobre esta materia a los sabios, a la
manera de Alemania, donde se sostienen tesis públicas sobre
esta ciencia. Esta pequeña obra ha sido escrita en latín, pero
debería ser traducida a todos los tipos de lenguas para bien y
comodidad de los hijos del arte que no están letrados.

CONTADOR GLOBAL DE ENTRADAS


Estadisticas de visitas

ClickComments