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domingo, 19 de febrero de 2012

¿Qué hay en un nombre?




¿Qué hay en un nombre?

Por qué la revista se llama “LUCIFER”

[Artículo por H. P. Blavatsky]

¿Qué hay en un nombre? Muy a menudo hay en él más que lo que un profano está preparado para entender, o el místico erudito para poder explicar. Hay una invisible, secreta, pero muy potente influencia que acompaña cada nombre y "la va dejando dondequiera que va." Carlyle concibió que "no solo hay mucho, sino, casi todo, está en los nombres." Además, escribió lo siguiente: "Si yo pudiera desarrollar toda la influencia que llevan los nombres, los cuales son la más importante de todas las vestiduras, sería un segundo gran Trismegistus."
El nombre o título de una revista que comienza ya con un objeto definido, es, por consiguiente, de suma importancia; pues, ciertamente es, la semilla invisible, la cual, o bien crecerá "para convertirse en un árbol, capaz de cubrirlo todo," los frutos del cual dependerán de la naturaleza de los resultados producidos por el objeto original, o el árbol marchitará y morirá. Estas consideraciones demuestran que el nombre de la presente revista—aunque ambiguo a los oídos del Cristiano ortodoxo—no se debe a una selección descuidada, sino surgió como consecuencia de mucho pensar en un nombre apropiado, y fue adoptado como el mejor símbolo que expresa ese objeto y con esta perspectiva los resultados.
El primero y más importante, o si no el solo objeto de la revista, está expresado en la línea de la 1ra Epístola a los Corintios, en su primera página. Es para traer luz a "las cosas ocultas en la oscuridad," (iv. 5); mostrar en su verdadero aspecto y sus significados originales y reales, cosas y nombres, hombres con sus acciones y costumbres; y finalmente luchar todo prejuicio, hipocresía y engaño en cada nación, en cada clase social, así como en cada departamento de la vida. Una tarea difícil pero no impracticable ni inútil, aunque sea un experimento.
De modo que, para una empresa de esta naturaleza, no podría encontrarse mejor título que aquel que se escogió. "Lucifer," es la clara estrella-matutina, la precursora del glorioso sol del mediodía—el "Eosphoros" de los griegos. Brilla tímidamente al amanecer para ganar fuerzas y deslumbrarnos la vista después del crepúsculo de la tarde con su propio hermano "Hesperos"—la estrella vespertina, o el planeta Venus. No existe símbolo más apropiado para el presente trabajo—lanzar un rayo de la verdad sobre todo lo que está oculto por oscuros prejuicios, debido a erróneas concepciones sociales o religiosas, precisamente por esa idiota costumbre que existe, en que, una vez que alguna acción, cosa, o nombre ha sido marcado, difamado con invenciones, no obstante injustas, hace que personas vistas como respetables, decidan apartarse sin atreverse siquiera a examinarlo bajo cualquier otro aspecto, excepto ese que está sancionado por la opinión pública. De modo que ese esfuerzo, hacer que los débiles de corazón se enfrenten a la verdad, es asistido eficazmente por un título perteneciente a la categoría de nombres marcados.
Lectores considerados como religiosos devotos pueden argüir que "Lucifer" es aceptado por todas las iglesias como uno de los numerosos nombres del Diablo. De acuerdo con la magnífica ficción de Milton, Lucifer es Satanás, el ángel "rebelde," enemigo de Dios y de los hombres. Aunque, si uno analiza la rebelión, se va a encontrar que ésta no es más que una afirmación de libre-albedrío y de libre pensamiento, igual que si Lucifer hubiese nacido en el siglo XIX. El epíteto de "rebelde" es una calumnia teológica, a la par con esa otra denigración de Dios por los Predestinarios, la que convierte a la deidad en un demonio "Todo-Poderoso," peor que el mismo Espíritu "rebelde." "Un Diablo Todo-Poderoso deseoso de que lo 'cumplimenten' como todo misericordioso cuando él está esforzándose en actuar con la más diabólica crueldad," como escribió J. Cotter Morison. Ambos, el preordinario y predeterminario Dios-demonio, y su subordinado agente, son una fabricación humana; son dos de los más, moralmente repulsivos y horribles dogmas teológicos, que las pesadillas de monjes, con aversión a la luz, han llegado a desarrollar alguna vez, de sus deseos inmundos.
Ellos se remontan a la edad Medieval, un período de oscurantismo mental, durante el cual casi todos los prejuicios y supersticiones presentes fueron inculcados a la fuerza en la mente humana, de esta forma los han hecho casi imposibles de desarraigar en algunos casos, uno de los cuales es el presente prejuicio que estamos discutiendo.
Tan profundamente enraizado está el concepto formado de antemano, y la aversión al nombre Lucifer—el cual no significa nada más que "portador de la luz" (de lux, lucis, "luz", y ferre "traer")1 aún entre las clases educadas, que por razón de adoptar el título para la revista, los editores tienen la perspectiva ante ellos de una larga lucha contra el prejuicio del público. Tan absurdo y ridículo es ese prejuicio, que parece que nadie se ha llegado a preguntar, cómo es que Satanás llegó a ser llamado un "portador de la luz," a menos que los rayos plateados de la estrella-matutina puedan en alguna forma sugerir el resplandor de las llamas infernales. Esto no es más que, como Henderson demostró, "una de esas perversiones vergonzosas de escritos sagrados que estos adquieren con frecuencia, y que pueden ser rastreados a una propensión a buscar en un pasaje determinado, más que lo que en realidad contiene—una disposición a ser influenciado por sonido en vez del sentido, y una fe implícita en la interpretación recibida"—la cual no es una de las debilidades de nuestra presente era. Con todo eso, el prejuicio está allí, para vergüenza de nuestro siglo.
Esto no se puede evitar. Las dos editoras estarían siendo desleales ante sus propios ojos, traidoras al mismo espíritu de la obra que estamos proponiendo, si ellas cedieran a la presión y huyeran de la batalla. Si se está decidido a combatir los prejuicios, y sacudir las telarañas de la superstición y del materialismo, de los más nobles ideales de nuestros antepasados, uno tiene que prepararse para hacerle frente a la oposición. "La corona del reformador y del innovador es una corona de espinas" ciertamente. Si se fuera a rescatar la Verdad en toda su casta nudez del pozo casi sin fondo, adonde fue arrojada por todos los subterfugios e hipócritas convenciones sociales, no se debe titubear al descender a la oscuridad, por la boca ancha del pozo. No importa de que forma los murciélagos ciegos—habitantes de las tinieblas y que odian la luz—vayan a tratar al intruso en su lóbrega morada. A no ser que uno sea el primero en hacer uso del espíritu y el valor que predica a los demás, será considerado como un hipócrita y uno que se ha apartado de sus propios principios.
Apenas habíamos acordado con el título, cuando las primeras premoniciones de lo que nos esperaba, aparecieron en el horizonte, en materia de oposición al título escogido. Una de las editoras recibió y anotó ciertas objeciones caldeantes. Las escenas que siguen a continuación son bosquejos de la naturaleza.
I
Un Bien-conocido Novelista. Dígame sobre su nueva revista. ¿Qué clase de personas piensa atraer?
Editor. Ninguna clase en particular: esperamos apelar al público en general.
Novelista. Me alegra saber eso. Por vez primera seré uno del público, ya que no entiendo su tema en lo más mínimo, y quisiera entenderlo. Pero debe recordar que si su público la va a entender, éste por necesidad va a ser muy pequeño. La gente habla de ocultismo en estos días, de la misma manera que hablan de muchas otras cosas, sin tener la más mínima idea de lo que esto significa. Somos tan ignorantes y—con tantos prejuicios.
Editor. Exactamente. Eso es lo que llama a la existencia a la nueva revista. Nos proponemos educarle y desenmascarar cada prejuicio.
Novelista. Realmente es buena noticia para mí, pues deseo ser educado. ¿Qué nombre le va a dar a su revista?
Editor. Lucifer.
Novelista. ¡Qué dice! ¿Es que piensa educarnos en el vicio? Conocemos bastante de eso. Sabemos que abundan los ángeles caídos. Puede que reciba popularidad, pues ahora están de moda las palomas manchadas, mientras que los ángeles de alas blancas se consideran aburridos. Pero así y todo dudo que pueda enseñarnos mucho.
II
Un Hombre de Mundo (en tono bajo, pues la escena es una cena con invitados). He oído que piensa comenzar una revista, basada en ocultismo. Sabe, esto me agrada mucho. Por regla general no hablo mucho sobre estos temas, pero sin embargo, durante mi vida me han ocurrido cosas extrañas que no pueden explicarse de una manera ordinaria. Espero que usted profundice y nos incluya explicaciones.
Editor. Por supuesto que trataremos. Es mi impresión que cuando en alguna medida, el ocultismo es comprendido, sus leyes son aceptadas por todos como la única inteligible explicación de la vida.
U. H. M. Justamente, quisiera saberlo todo sobre ese tema, le aseguro por mi honor, la vida es un misterio. Me consta que abundan otros curiosos como yo. Estamos en una edad que está afligida con la misma enfermedad Yankee de "querer saber." Verá cómo le voy a conseguir cantidad de subscriptores. ¿Cómo es que se va a llamar la revista?
Editor. Lucifer—y (anticipándose por la experiencia previa) no tome el nombre en su sentido erróneo. Es el espíritu divino el cual se sacrificó por la humanidad—fue la acción de Milton lo que lo hizo estar asociado con el diablo. Somos enemigos declarados de todos los prejuicios, y está muy apropiado que ataquemos un prejuicio como éste—el de Lucifer. Usted sabe, él es la Estrella Matutina—el Portador de la Luz. . . . .
U. H. M. (interrumpiendo). Yo sé todo eso—al menos no lo sé, sino acepto sus buenas razones para escoger ese título. Pero su primer objetivo es tener lectores; supongo que usted desea que el público compre su revista. Eso está en el programa, ¿no es así?
Editor. Por supuesto.
U. H. M. Pues bien, escuche la advertencia de un hombre versado en los caminos del mundo. No marque su revista desde sus comienzos, con el color equivocado. Sin embargo, es evidente que si uno se pone a pensar y analiza de donde deriva y de su significado, se da cuenta que Lucifer es una excelente palabra. Pero el público no se va a detener a pensar en derivaciones y significados; y la primera impresión es la más importante. Nadie le va a comprar la revista si la llama Lucifer.
III
Una Señora de Sociedad Interesada en Ocultismo. Me interesa saber algo más sobre la pequeña revista, pues he interesado a un gran número de personas en ella, aún con lo poco que me ha dicho. Pero se me hace difícil explicar su verdadero propósito. ¿Cuál es?
Editor. Tratar y dar un poco de luz a aquellos que la desean.
U. S. S. Pues bien, esta es una manera bien simple de ponerla, y me va a ser muy útil. ¿Cómo se va a llamar la revista?
Editor. Lucifer.
U. S. S. (Después de una pausa) No lo puedo creer.
Editor. ¿Por qué no?
U. S. S. ¡Sus asociaciones son espantosas! ¿Qué objeto tiene el usar ese nombre? Suena como un chiste de mal gusto lanzado contra la revista por sus enemigos.
Editor. Pero, usted sabe, Lucifer significa el Portador de la Luz, es simbólico del Espíritu Divino—
U. S. S. Eso no importa—deseo hacerle bien a la revista y darla a conocer, y usted no puede esperar que yo entre en explicaciones cada vez que mencione su título? ¡Imposible! La vida es muy corta y ocupada. Además, produciría un mal efecto; todos pensarían de mí que soy una pedante, y no podría hablar, pues no resistiría que pensaran eso de mí. Se lo pido de favor, no la llame Lucifer. Nadie sabe el simbolismo de la palabra; lo que significa hoy en día es el diablo, nada más o nada menos.
Editor. Pero eso es un gran error, y uno de los primeros prejuicios que nos proponemos luchar en contra. Lucifer es el claro, el puro heraldo de la mañana—
Señora (interrumpiendo). Yo pensaba que usted iba a hacer algo más interesante y más importante que blanquear personajes mitológicos. Vamos a tener que ir a la escuela de nuevo, o leer el Diccionario Clásico del Dr. Smith. ¿Qué uso va a tener una vez que todo esto se haga? Yo creía que nos iba a decir cosas de nuestras vidas y cómo hacer para mejorarlas. Supongo que Milton escribió sobre Lucifer, ¿no?—pero ya nadie lee a Milton. Por favor dénos un título moderno que signifique algo humano.
IV
Un Periodista (pensativamente, al tiempo que enrollaba un cigarrillo). Si, es una buena idea, esta revista suya. Nos vamos a divertir con ella, como es de esperarse: y la vamos a hacer trizas en los diarios. Sin embargo, todos la vamos a leer, porque secretamente todos tenemos apetito por todo lo misterioso. ¿Cómo la va a llamar?
Editor. Lucifer.
Periodista (encendiendo un fósforo). ¿Por qué no la llama La Mecha? Igualmente apropiado y no tan pretencioso.


El "Novelista," el "Hombre de Mundo," la "Señora de Sociedad," y el "Periodista," deberían ser los primeros en instruirse. Una mirada rápida al verdadero y primitivo carácter de Lucifer no les puede hacer daño, sino quizá, curarlos de un poco de prejuicio ridículo. Deben estudiar a Homero y la Teogonía de Hesiodo, para que puedan hacerle justicia a Lucifer, "Eosphoros y Hesperos," la bella Estrella de la Mañana y de la Tarde. Si hay mejores cosas que hacer en esta vida que "blanquear personajes mitológicos," es más que inútil calumniar y pintarlos con el negro de la infamia, además, demuestra tener una mente estrecha; y nada de esto honra a nadie.
Poner reparos al título de LUCIFER, solamente porque sus "asociaciones son espantosas" se puede perdonar—si es posible perdonarlo en alguna ocasión—sólo en el caso de un misionero norteamericano ignorante, miembro de una secta disidente, en el que su pereza natural y falta de educación lo inclinaría a preferir labrar las mentes de los infieles, tan ignorantes como él, en vez de laborar los campos de siembra de su padre. En el clérigo inglés, sin embargo, quienes todos reciben una educación más o menos clásica, y estando supuestamente versados en toda la sofistería teológica y casuísta, este tipo de oposición es absolutamente imperdonable. No solamente huele a hipocresía y engaño, sino que los coloca a ellos en un peldaño aún más bajo que a ese que ellos llaman el ángel apóstata. Cuando tratan de mostrar que el Lucifer teológico, caído por la idea de que
Ambicionar vale la pena para reinar, aunque en el Infierno;
Mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo,
Están virtualmente poniendo en práctica el supuesto crimen del cual de buena gana lo acusan. Prefieren reinar sobre el espíritu de las masas utilizando perniciosas MENTIRAS, productivas de muchas maldades, en vez de servir al cielo al servir la VERDAD. Esas prácticas sólo son dignas de Jesuitas.
Pero sus sagrados escritos son los primeros en contradecir sus interpretaciones y las asociaciones de Lucifer, la Estrella Matutina, con Satanás. Capítulo XXII de Revelación, verso 16th, dice: "Yo, Jesús...soy la raíz...y la brillante Estrella Matutina" (ρθρινοS "sale temprano"): de aquí Eosphoros, o en latín Lucifer. El oprobio atado a este nombre es mucho más reciente, la Iglesia Romana se vio forzada a cubrir su difamación teológica mediante su doble interpretación—como de costumbre. Nos dicen que Cristo, es la "Estrella Matutina," el divino Lucifer; y Satanás el usurpator del Verbum, el "Lucifer infernal."2 "El gran Arcángel Miguel, conquistador de Satanás, es idéntico en el paganismo3 con Mercurio-Mithra, a quien, después de defender el Sol (simbólico de Dios) de los ataques de Venus-Lucifer, se le dio posesión de este planeta, et datus est ei locus Luciferi. Y debido a que el Arcángel Miguel es el 'Angel del Rostro,' y 'el Vicario del Verbum' es considerado ahora en la Iglesia Romana como el regente de ese planeta Venus que 'el vencido enemigo había usurpado'." Angelus faciei Dei sedem superbi humilis obtinuit, dice Cornelius à Lapide (en Vol. VI, p. 229).
Esto explica por qué uno de los primeros Papas fue nombrado Lucifer, como Yonge y datos eclesiásticos prueban. Por eso es que el título escogido para nuestra revista está tan asociado con ideas divinas y piadosas como con la supuesta rebelión del héroe del "Paraíso Perdido" de Milton. Al tomar el nombre de Lucifer, lanzamos el primer rayo de luz y de verdad sobre un prejuicio ridículo que no debería tener cabida en esta "era de datos concretos y descubrimientos." Nosotros laboramos por la verdadera Religión y Ciencia, en el interés de los hechos y contra la ficción y el prejuicio. Es nuestro deber, al igual que el deber de la Ciencia física—profesada como su misión—lanzar luz o datos reales en la Naturaleza hasta ahora rodeados por la oscuridad de la ignorancia. Y al considerarse justamente a la ignorancia como el principal promotor de superstición, ese trabajo es, por consiguiente, noble y beneficioso. Pero las Ciencias naturales son sólo un aspecto de CIENCIA y VERDAD. Ciencias psicológicas y morales, o teosofía, el conocimiento de la verdad divina, dondequiera que ésta se encuentre, son aún más importantes con respecto al hombre, y la Ciencia real no debería limitarse solamente al aspecto físico de la vida y la naturaleza, ya que ésta es una abstracción de cada hecho, una comprensión de cada verdad dentro del alcance de la inteligencia e investigación humana. "La ciencia profunda y exacta de Shakespeare en la filosofía mental" (Coleridge), ha probado ser más beneficiosa hacia el verdadero filósofo en el estudio del corazón humano—por eso, en promover la verdad—que la más exacta, pero con certeza, menos profunda, ciencia de cualquier Miembro de la Real Institución.
Sin embargo, esos lectores que no están convencidos que la Iglesia no tenía derecho a lanzar un estigma sobre una bella estrella, y que lo hizo debido a la necesidad de explicar por cuenta de una de sus numerosas apropiaciones del Paganismo, con todas sus concepciones poéticas de las verdades en la Naturaleza, les pedimos que lean nuestro artículo "Historia de un Planeta." Quizá, después de su lectura, se den cuenta de cómo Dupuis fue justificado cuando aseguró que "todas las teologías tienen su origen en la Astronomía." Con los modernos Orientalistas cada mito es solar. Este es un prejuicio más y una concepción formada de antemano en favor del materialismo y la ciencia física. Esta ha de ser una de nuestras obligaciones, combatirlo junto con la mayoría del resto.

Lucifer, Septiembre de 1887

Notas


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